CLÁSICAS 2024

Premio de la Desgracia por Durbridge 3 de Julio de 2021 a las 21:46

En las carreras ciclistas, en ocasiones nos encontramos con premios muy curiosos. Por ejemplo, se suele distinguir al último clasificado de las mismas con algún apelativo o incluso con algún distintivo que permita diferenciarlo del resto de corredores. Estos premios han ido acompañados en ocasiones de una remuneración económica lo que ha dado lugar a numerosas polémicas relativas a la necesidad de acompañar ese reconocimiento con una dotación monetaria y a la picaresca de algunos para conseguir el premio. En la actualidad este tipo de distintivos quedan como reconocimiento público, tienen un carácter honorífico y dan popularidad al que los consigue pero no tiene la repercusión que antiguamente tenía.

En el Tour de Francia se acuñó el término de Farolillo Rojo (Lanterne Rouge en francés) para designar al corredor que acumulaba peor tiempo. Esta denominación, con el paso de los años, ha acabado utilizándose para hacer referencia al último clasificado en otros deportes y clasificaciones.

El origen de esta denominación se atribuye al farolillo con luz roja que colgaba en la parte trasera del último vagón de un tren, posiblemente cargado de carbón. Este farolillo indicaba dónde acababa el convoy y servía para comprobar, al paso por las estaciones, que no se había desenganchado ningún vagón.

Si repasamos la historia de los farolillos rojos del Tour de Francia nos encontramos con algunas anécdotas curiosas.

El madrileño Fernando Quevedo, gregario entre otros de Laudelino Cubino en el equipo Seguros Amaya, fue el farolillo rojo del Tour de Francia en 1992, año en el que Miguel Induráin consiguió su segunda victoria absoluta. En la etapa que finalizó en Sestriére el 18 de julio de 1992, que ganó Claudio Chiapucci a punto de ser cazado por Induráin, Quevedo rozó el fuera de control y llegó junto al coche escoba. A su llegada, los periodistas le preguntaron sobre la gesta de Induráin y es muy recordado el comentario de Fernando Quevedo: “¿Héroe Induráin?. El héroe soy yo, que siendo infinitamente peor tengo que realizar las mismas etapas y aguantar este calvario. Si le cambio a Cristo la cruz por la bici, Él me devuelve la bici y encima se lleva dos cruces para compensar. Esto es insufrible, no hay quien lo aguante.

Wim Vansevenant es el único ciclista que ha conseguido terminar último en el Tour de Francia en 3 ediciones y además de forma consecutiva, durante los años 2006, 2007 y 2008. En todas ellas terminó a, aproximadamente, 4 horas del tiempo de ganador. A punto estuvo en 2005 de lograr también el farolillo rojo, pero el español Iker Flores fue quien tuvo el honor de finalizar último en la carrera en esa edición teniendo Vansevenant que “conformarse” con el penúltimo puesto. De este modo Iker Flores igualó a su hermano Igor Flores, que en 2002 también consiguió el farolillo rojo, siendo los dos únicos hermanos que han conseguido esta proeza.

Otra curiosidad es que en 2007 Vansevenant ganó el Farolillo Rojo a un corredor que era el más joven de aquel Tour de Francia y que finalizó en penúltima posición. Ese corredor era galés y se llamaba Geraint Thomas. Consiguió ganar el Tour de Francia 11 años después, en 2018 y a punto estuvo de convertirse en el primer corredor en finalizar último en un Tour de Francia y primero en otro. Quizás Chris Froome también pueda estar cerca este año de conseguirlo.

Wim Vansevenant se retiró en 2008 y siempre fue recordado y respetado por todos sus compañeros, algunos de los cuales (Cadel Evans entre ellos) le consideran uno de los mejores gregarios que han podido tener junto a ellos.

Su hijo Mauri Vansevenant es actualmente ciclista profesional en la poderosa formación Deceuninck-Quick Step y parece dotado para obtener victorias importantes en el calendario ciclista. El nombre de Mauri lo eligió su padre en honor al ciclista español Melcior Mauri, ganador de la Vuelta Ciclista a España en 1991 (por delante de Miguel Indurain, que acabo segundo aquella Vuelta Ciclista a España) al que admiraba y cuyo apellido consideró apropiado para nombrar a su hijo. En caso contrario se hubiera llamado Morris como quería su abuelo.

En la selecta lista de corredores con dos farolillos rojos en el Tour de Francia encontramos a Daniel Masson, Gerhard Schoenbacher y los conocidos sprinters Mathieu Hermans y Jimmy Casper.

En el Giro de Italia se instauró un distintivo, en los años 40, para identificar al corredor que ocupaba el último puesto. Se trataba de un maillot o maglia (como dicen los italianos) de color negro (Maglia Nera). Luigi Malabrocca fue el corredor más destacado en la lucha por este distintivo e hizo de lograr este premio un verdadero arte. Era capaz de esconderse en almacenes, agazaparse en las cunetas o esconderse en un aljibe para conseguir su objetivo. Se cuenta que una vez escondido en el aljibe de una granja el propietario, al verlo, le preguntó qué hacía allí y él respondió que correr el Giro de Italia. En aquel entonces, el último corredor llegó a estar patrocinado por una marca que entregaba chocolate como premio. Los tiempos, afortunadamente, han cambiado.

Pero quizás la Clasificación menos recordada y que se encuentra al nivel de las anteriores es la que estableció en cada etapa La Vuelta Ciclista a España en los años 70. Del mismo modo que existía (y sigue existiendo) el premio a la combatividad en cada una de las etapas, se instauró en cada etapa el Premio de la Desgracia (exactamente así), patrocinado por una conocida empresa de seguros. Esta clasificación premiaba con 250 pesetas (misma cuantía que el premio de la combatividad) a aquel corredor que a lo largo de la etapa hubiera tenido la mayor desgracia en forma de caída, avería, problema mecánico o cualquier otro tipo de circunstancia. Todavía no acabo de creer que existiera ese premio pero así era y como tal clasificación aparecía en la prensa. Como ejemplo, en una etapa de la Vuelta a España de 1973, José Luis Galdámez consiguió el Premio de la Desgracia tras una caída que a punto estuvo de provocar que no pudiera salir el día siguiente. Dicen las crónicas que “En cuanto a Galdámez, ya veremos. Hay que hacerle una radiografía, ya que en una caída anterior sufrió la fractura del dedo pulgar de la mano derecha y ahora parece que se le ha vuelto a romper.” Sin lugar a dudas un Premio de la Desgracia más que merecido. No era un premio exclusivo de la Vuelta Ciclista a España sino que existía en otras carreras menores como, por ejemplo, la Vuelta a Toledo, entre otras.

En ciclismo estos premios no son ni despectivos ni humillantes. Al contrario, al ciclista se le reconoce el gran mérito que tiene acabar una carrera, no abandonar durante el transcurso de la misma o enfrentarse a las numerosas vicisitudes que se plantean durante su transcurso en forma de caídas, problemas mecánicos o diversos infortunios.

Del mismo modo en nuestra Porra del Tour se suele hacer referencia habitualmente en los comentarios a aquel equipo que ocupa la última plaza en la Clasificación. Los equipos que ocupan la última posición en La Porra del Tour siempre merecen un reconocimiento y un respeto especial, bien sea porque el equipo se ha formado con intención de ganar esta clasificación (al estilo Maglia Nera de Luigi Malabrocca) o bien porque, a pesar de haber conformado un equipo con intención de vencer en La Porra del Tour, todos los elementos se alinean, en forma de caídas, abandonos, problemas mecánicos para que el equipo en cuestión (al más puro estilo Premio de la Desgracia) consiga destacar por debajo de los demás.